Toque de queda, protestas y muertos: ¿qué está pasando en Chile?

Durante días, en Chile, la gente ha salido a las calles para expresar su desacuerdo con las políticas económicas adoptadas por el gobierno de Sebastián Piñera. Desde el comienzo de las protestas, fuentes oficiales ya han hablado de quince muertos. Hablamos de eso con Joaquín Rozas Bugueño, cientista político chileno, con un magíster en Sociología.

De dónde nacen las protestas y por qué los estudiantes fueron los primeros que salieron a las calles?

Las protestas comenzaron con un alza de 30 pesos al precio del metro la semana antepasada. Desde el lunes hubo un llamado desde la asamblea de coordinadores de estudiantes secundarios a hacer evasiones masivas en ciertos puntos de metro y a ciertas horas, por lo general a las seis, siete de la tarde. Pasa que, en Chile, los estudiantes, sobre todo los universitarios y secundarios, tienen una trayectoria histórica de movilización, o sea tienen una cultura movilizadora súper fuerte, y por lo general son los primeros que protestan cuando ocurre algo. Los estudiantes han estado siempre más ligados, por su sector, a la educación, pero en este caso salieron porque era una demanda que afectaba a la vida cotidiana de la gente, independientemente del hecho de que a los estudiantes no se les sube la tarifa del transporte dado que hay una tarifa diferenciada para ellos.

A partir de eso, la protesta empezó a tomar vuelo y la evasión masiva cada vez fue más fuerte o más masiva digamos. En principio eran cien, ciento cincuenta estudiantes por estación, que si uno calcula son menos de 60 dólares que pierde la estación de metro por cada ciento, cincuenta estudiantes que vayan. O sea, es básicamente algo anecdótico lo que pasaba, pero una vez que empezó a tomar fuerza y a darse a cada momento, esto empezó a escalar de forma inorgánica: ya no era una sola llamada, ya no era una sola hora que decía la coordinadora de estudiantes, sino que empezó a sumarse gente que ya no era estudiante, sino que eran trabajadores, gente mayor. Así parte la cosa.

Credits: weonconcamara

De hecho, a pesar de que el alza de los pasajes fue bloqueada, las protestas siguen. Cuál es ahora el objetivo de los manifestantes?

Eso es importante porque básicamente lo que ocurre ahora es muy diferente de cómo empezó. Eso comenzó con un alza de transporte, pero, sin embargo, una vez que se empezó a extender en el tiempo, se fueron agregando demandas históricas o descontento que venía acumulado hace 30 años, desde que cayó la dictadura. La vuelta a la democracia, que tiene que ver con el modelo de funcionamiento político y social que tiene el país de Chile, se caracteriza básicamente por tener los derechos sociales fuertemente privatizados, teniendo pensiones en manos de privados en una aseguradora de fondo de pensiones, que lo que hacen es transar en el mercado las pensiones de la gente para tratar de sacar mayores intereses. Buena parte del país tiene pensiones de alrededor de 150 mil pesos (206 dólares), es poca la gente que logra sacar una pensión que esté a la altura de lo que ganaba en su vida activa, sobre todo los profesionales, que ganan alrededor de un 30% de lo que era su sueldo, lo cual es bajísimo; por lo tanto, hay un gran descontento por ese lado. Para las personas activas, la mediana de los ingresos en Chile es de 400.000 pesos, alrededors de 572 dólares.

Por otro lado tenemos el tema de la salud que también está fuertemente en mano de privados. El Estado está totalmente ausente en materia de salud, la cual está totalmente estratificada por clase, es decir, la clase alta es la que tiene mejor acceso a la salud y la mejor calidad, mientras que la salud pública se caracteriza por colas infinitas, por falta de especialistas, sobre todo en regiones de las localidades más alejadas del centro del país y, por otro lado, la calidad es sumamente disímil. Básicamente quién tiene más accede a mejor calidad de servicios y a mejores especialistas, mientras que las personas que tienen menos terminan muriéndose en la espera.

En tercer lugar, está el tema de la educación que ahora se arregló un poco, pero que fue una demanda muy sentida ya en el año 2011 con la protesta encabezada por los universitarios, en la cual se demandaba educación gratuita para el 100% de las personas. Ahora esa medida llegó al 60% de los estudiantes que tienen menor condición socioeconómica y que pueden tener un acceso gratuito. Entre esas cosas tenemos también el encarecimiento de la vida: en Chile en el último año ha subido fuertemente el arriendo, ha subido fuertemente el costo de la hipoteca, ha subido fuertemente el costo de la luz, del agua. Eso del metro fue la gota que rebalsó el vaso de un descontento que había entorno a un modelo totalmente privatizado, individualista, donde los costos de la seguirdad social los carga el individuo mientras que el Estado se dedica un poco a regular y a hacer que este mercado funcione bien. Sin embargo, este descontento fue bastante inorgánico y ahí está lo interesante. En el comienzo todo fue espontáneo: no hay cabezas visibles de lo que está ocurriendo hoy, por lo cual se hace mucho más complejo el procesamiento del conflicto por parte del gobierno y también por aquellos sectores que son más progresistas y que pueden estar más alineados con esas demandas. Esos sectores no tienen la capacidad de ser un canal de comunicación o una caja de resonancia de las demandas sociales porque no hay cabezas visibles de esa demanda social. Eso es lo complejo del tema…

Y esta es un poco la diferencia entre lo que está pasando en Chile y lo que está pasando en Ecuador, aunque hay cosas parecidas. Se puede decir que las medidas neoliberalistas fallaron otra vez en América Latina ?

Claro, solamente que acá en Chile parecía que el modelo neoliberal tuviera mayor fuerza que la que tenía en otros países de Latinoamérica. Uno puede ver la trayectoria misma que tiene el neoliberalismo en Chile o dónde nace. A partir de la dictadura se instala un modelo, en el 1980, y la sociedad civil – en ese momento los partidos estaban proscritos – no tenía la capacidad y la fuerza de contrarrestar, de hacerle frente o disputar ese espacio institucional de política pública. Eso se instala y logra tener una trayectoria que hoy parece estar reventando. Sin embargo, yo tampoco sería capaz de señalar de que el modelo está en su fin pero sí, yo creo que Chile está en un momento clave de repensar su institucionalidad, de repensar su modelo, de repensar el desarrollo que quiere establecer de ahora en adelante.

Hablaste del modelo quel llegó con la dictadura. Era desde Pinochet que no había un toque de queda en Chile. Qué significado puede tener esto, después de 30 años de democracia?

Eso es un punto bien relevante porque es desde el 1987 que no había un toque de queda en Chile en contexto de “estado emergencia”. Eso es un dispositivo institucional del que el Presidente de la República puede servirse en contexto de situaciones difíciles y que suspende ciertas libertades constitucionales de las personas, sobre todo la libertad de reunión y la libertad de desplazamiento. Por otro lado, te permite disponer de los militares para salvaguardar la seguridad pública, además de los carabineros. Entonces los militares, una vez que salen a la calle también tienen mayores facultades y el general de los militares es quien dispone de establecer toque de queda o no, dependiendo cuál sea la gravedad de la situación.  El hecho de que se activó por última vez en 1987 despierta fantasmas muy antiguos de una época bastante triste, sobre todo para la generación de nuestros padres o de aquellos que son mayores de cuarenta años: una etapa oscura, si no la más obscura que tuvo el país. Ese dispositivo entonces deja un simbolismo súper fuerte, porque desde la dictadura no se activaba  por protestas sociales y se hace después de 29, casi 30 años de democracia que supuestamente tendría que ser una democracia consolidada, una democracia que sea capaz de escuchar lo que la ciudadanía necesita.

Desde ese punto de vista es un simbolismo muy fuerte porque lo que muestra es una democracia frágil, una democracia que se resquebraja a partir de malas decisiones y de una incapacidad estatal de poder procesar unas demandas sociales que llevan 30 años incubándose. Entonces parece haber un distanciamiento total entre la élite política, la clase política y la sociedad civil. Creo que acá está la médula de todo ese conflicto, que explica un poco la falta de procesamiento de este problema, no así las demandas sociales que se explican por políticas implementadas desde la dictadura y con un camino que desde ahí se trazó en democracia.

Credits: weonconcamara

El domingo pasado se ha votado en Bolivia y la semana que viene irán a las urnas Argentina y Uruguay. Lo que está pasando en Chile puede afectar esas dos elecciones?

Yo creo que puede ser una oportunidad de la izquierda latinoamericana progresista para revertir el escenario conservador y populista de derecha que está ocurriendo en las últimas elecciones. Y ahora está esta oportunidad para el Frente Amplio en Uruguay, que puede tener otro gobierno, o para Argentina, donde al parecer va a ganar el kirchnerismo encabezado por Alberto Fernández, con Cristina segunda al mando, y por otro lado Morales también tiene la posibilidad de tener un gobierno de continuidad. Creo que dependiendo de eso se va a reconfigurar el escenario, pero dudo que lo que ocurre en Chile pueda reconfigurar lo que está afuera. Más bien, si en el resto de los países latinoamericanos llegan los progresistas, los chilenos van a tener más oportunidades de ver difundidas estas ideas de bienestar, para que se pueda meterle mano a las políticas que están ligadas con los derechos sociales. Estoy pensando en pensiones, salud, servicios básicos. Creo que más bien que el escenario externo puede cambiar el interno de Chile, no sé si el escenario interno de Chile pueda cambiar lo que ocurra afuera.

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